Cuerpo, corazón, deseo

3 septiembre 2009

Os dejo un excelente soneto del maestro Sabina:

El cuerpo tiene un ayer
que no se cura mañana,
nueve noches por semana
sin ganas de amanecer.
Laberintos del placer
cuando baja la persiana
del crepúsculo, Diana,
cazadora de vía estrecha,
clava su póstuma flecha,
en mi podrida manzana.

El corazón es un flan
que encoge con cada pena
y se inflama cuando suena
la flauta dulce de Pan.
Eva se va con Adán
porque el amor desenfrena
y, al calor de la verbena,
siempre aparece un muchacho
que le financia el gazpacho
después de la noche buena.

El deseo es un corcel
que la madurez embrida,
cuando el bajel de la vida
no acepta tratos con él.
No se trata de ser fiel
a la esposa malquerida
ni echar vinagre en la herida
de la loca juventud;
la pasión y la salud
pierden siempre la partida.

Fuente: www.joaquinsabina.net (Soneto publicado en Interviú)

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Poesía maldita

1 abril 2009

Leopoldo María Panero es uno de los mejores poetas vivos en lengua castellana. A pesar de ello, los medios parecen más interesados en su locura que en su obra.  Vive recluido en un manicomio, aunque dice que es España la que está loca, y no él. “¿Quiénes sóis vosotros para juzgarme?”, que diría el genial Peter Lorre en el monólogo final de “M el vampiro de Dusseldorf“. Leopoldo perdió la razón, pero conservó la lucidez, convirtiéndose en el poeta español maldito por excelencia. Cada año suena para el Nobel de Literatura, hasta el momento sin éxito. Os rescato un par de  poemas suyos:

panero

El loco mirando desde la puerta del jardín

Hombre normal que por un momento
cruzas tu vida con la del esperpento
has de saber que no fue por matar al pelícano
sino por nada por lo que yazgo aquí entre otros sepulcros
y que a nada sino al azar y a ninguna voluntad sagrada
de demonio o de dios debo mi ruina.

 

A Francisco

 

Suave como el peligro atravesaste un día

con tu mano imposible la frágil medianoche

y tu mano valía mi vida, y muchas vidas

y tus labios casi mudos decían lo que era el pensamiento.

Pasé una noche a ti pegado como a un árbol de vida

porque eras suave como el peligro,

como el peligro de vivir de nuevo.